La gente no lo dice pero cuando realmente se queda a gusto (y tranquila)…es cuando termina de cagar. Ni comer chocolate, ni echar un polvo, ni dar tres voces, ni ir al gimnasio. Echar un truño, una buena ñorda por el bullacas y es quedarse uno como nuevo.
Ese alivio de la presión, del retortijón; esa sensación de afloje, de soltar lastre, es el paraíso cotidiano y momentáneo.
Hay veces que es violento, otras incomodo, otras tardas más de la cuenta, otras estas deseando acabar, pero lo relajado que se queda uno después y la reconciliación que conlleva con su cuerpo no tiene parangón. Incluso hay gente que se echa un cigarrito después de hacerlo. Da la impresión de que uno ya ha cumplido con su organismo y que puede afrontar el resto del día con mejor humor, con más vitalidad y energía para lo que venga. Nunca echar algo de menos hace ser tan positivo y optimista. Creo que mucha gente cabreada o de mala onda está así porque no caga, o caga poco. Y mira que en la tele no paran de anunciarnos consejos para ir al wáter. O sea que el que no lo hace es porque no quiere. Pero tampoco hay que abusar que entonces es un problema de adicción que …ay perdonad, me tengo que marchar un segundo…me lo hago encima…