Yo tuve una compañera de trabajo que era mitad italiana mitad francesa. Ella decía que los jóvenes en Francia hacen huelga para mejorar su situación laboral, mientras que en este país sólo hacen botellón. Tenía toda la razón. Yo soy de los que dicen que si hiciéramos huelgas y protestas todo el santo día y les diéramos la barrila cada dos por tres a los que están arriba estos se hartarían tanto de nosotros que a lo mejor conseguiríamos algo. Pero es tan imposible que eso ocurra que sólo nos queda darnos a la bebida.
La mía es una generación a la que se nos dijo “estudia, que llegaras a algo” y cuando acabamos las carreras dijimos “ahora, ¿qué?”. Demasiado tarde: nos dimos cuenta del engaño. Tampoco les fue mucho mejor a aquellos que no sabían sumar dos más dos y se metieron a albañiles. Ahora todos estamos en el mismo saco. O en sacos distintos pero jodidos al fin y al cabo.
Que los jóvenes somos unos apáticos y unos conformistas. Es que ya no hay opción. No nos dejan meternos en ninguna parte. Todo está copado y anquilosado. Hay un paro que te cagas. Las viejas generaciones no sueltan el sillón ni a la de tres y cuando lo hacen es para dejar paso a un pringado que tiene menos idea que ellos. No hay creatividad (excepto en Valencia que cualquier ingeniero industrial te diseña una silla o una tuerca) ni ideas ni ansia por aprender. Sólo crítica, mala baba y MBA’s que no te garantizan un puesto ni de barrendero. ¿Decepcionado? ¿pesimista? Noooo. Sólo miro un rato el patio y reflexiono. Hablo desde mi experiencia, puede que a otros les haya ido mejor, pero desde luego los que tenemos energías para que esto cambie algo lo tenemos un poco chungo. Por eso un botellón de vez en cuando, aunque sea en casa que resulta más limpito, no viene mal.