Hay muchas, legiones, pero en mi eterno despiste yo no me había fijado. Pensé que eran simples horterillas de extrarradio escapadas del suburbio, hasta que en un trabajo en el que estuve caí en la cuenta que ese estilismo yo ya lo conocía y que era más habitual de lo que yo pensaba. Como cualquier moda/tribu urbana van uniformadas: piercings imposibles en los labios, cejas, lengua y otros lugares ignotos; tatuajes a cada cual más mareante; aros de oro (cuanto más grandes y gruesos mejor) compartiendo espacio en las orejas con más piercings; maquillajes excesivos a lo Amy Winehouse, reina de las chonis; pantalones vaqueros ajustados con botas negras de piel (o de plástico) de caña alta también ajustadas y con taconazo; anorak con el borde de la capucha de pelitos y bolsazos enormes. Ah, me olvidaba del pelo: liso y con flequillo por delante y rizado por detrás. Y si van con moño, más autenticas. Por supuesto comen chicle a todas horas que tienen que tener las mandíbulas super ejercitadas, y hablan su idioma, que como no controles mucho, necesitas subtítulos para entenderlas. Hay una subespecie que son las chonis latinas: estas se distinguen porque son más bajitas, se ponen camisetas tres tallas menos (como la Obregón) con toda la lorza morena al aire, y tienen la melena lisa estilo Pocahontas. Estas abundan más por mi zona.
Si su nombre no empieza por “la”, no son una choni total (La Vane, La Jessi, La Yoli, en la versión latina se llaman Gladys, Lilianita o Kimberly Diana) y siempre van acompañadas por otros chicos que van igual que ellas (supongo que serán los “chonos” o los “kevins”, en la latin version Wilson, Nelson o Jefferson). Es más divertido verles actuar en un botellón que ver “¿Donde estas corazón?”. Lo digo porque los viernes por la noche debajo de mi casa tienen sus movidas y hacen más ruido que los periodistas del corazón así que me pongo a observarlos y veo como se intercambian sus direcciones de blogs, sus messengers, sus tuentis, sus móviles, etc, se pegan voces y hacen el caballito con la moto.
A diferencia de otras especies, estas son reconocibles a un kilometro de distancia y están en todas partes: son teleoperadoras de El Corte Inglés, estudiantes de ESO, dependientas de Vodafone,…Es raro no ir en el metro o en el centro comercial y verlas dando ese toque urbano de color. Es como muy folklórico.
Ah un consejo, si quieres mantener tu integridad física no intentes colarte en su Burger King porque tienen muy mala hostia y a ellas nadie las quita el turno.