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Neoludista

Sí, lo reconozco desde siempre: Soy un poco ludista (o ludita). La gente se preguntará qué es eso. La verdad es que el movimiento ludista es muy poco conocido en la historia y tuvo una vida muy corta. Se dio en la Gran Bretaña de principios del S.XIX, cuando la Revolución Industrial estaba en pleno auge y, básicamente, se oponía a toda clase de tecnología (en aquel momento las maquinas textiles) que hacían más productivo el trabajo en términos de rapidez y no del capital humano. Ese movimiento violento, que alegaba el destruir toda máquina que se encontrara, se produjo en una época y en una zona (el centro y norte de Inglaterra) castigada por el aumento del desempleo al haber implantado máquinas en las industrias capaces de hacer el trabajo de varios hombres. Así las cosas los obreros empezaron a ver a las máquinas como causantes de sus problemas.
El maquinismo supuso muy pronto el deterioro de las condiciones laborales de los obreros y se produjeron muchos levantamientos. Éste fue uno de ellos y tomó su nombre del líder del movimiento, Ned Ludd, quien enviaba las cartas intimidatorias a los propietarios de las máquinas en las que exigía su retirada o en caso contrario enviaría hombres a destruirlas e incluso asesinar a los dueños y machacar las propiedades.
El gobierno británico reprimió duramente estos actos y llegó a establecer una ley en la que se castigaba seriamente (hasta con pena de muerte) a aquellos que destruyeran maquinas textiles. El movimiento se extendió por toda Europa y en España se dieron varios episodios en Alcoy en 1820. El movimiento, poco a poco fue muriendo por la represión y por otras ideologías.
Después de este rollo histórico para reafirmarme en mi idea de que a mí las maquinas tampoco me caen muy bien y que si pudiera le metía una hostia al video o a todo aparato que se niega a obedecer mis órdenes o sus chips, seguí investigado.
A finales del siglo XX, metidos en la Revolución Digital, volvió a surgir el mismo movimiento ahora rebautizado como neoludismo, que se oponía a la inteligencia artificial y todo avance científico que se apoyara en la informática. Afirmaba que no sólo los empresarios eran los explotadores sino que la forma en que funciona la tecnología actual aliena tanto al explotador (empresario) y al explotado (el empleadillo de siempre).
O sea, que la cosa no es tan nueva. El hombre necesita de las maquinas para todo, pero las maquinas nos hacen la puñeta pero bien y dependemos de ellas más que respirar. ¡Pues no! Abajo los ordenadores, los cajeros automáticos, los lectores ópticos y escáneres; abajo los sensores de movimientos, los códigos de barras y los circuitos impresos. Seamos románticos y escribamos las cartas con papel y pluma, volvamos al papel de carboncillo y al correo tradicional con sus carteros y sus sacas; volvamos a hablar con el empleado de la tienda; hagamos amigos yendo al parque o en el centro cultural. Ay, lo que daría por un día sin ordenador ni móvil ni microondas ni minipimer ni tarjetas de plástico. ¡Abajo la tecnología esclavizante y neosecular! He dicho.