Vale, yo sé que aquí cada uno da su opinión aunque no tenga ni puta idea de lo que está diciendo y que hay mucho listillo. Pero cuando yo no sé acerca de una tema me callo, escucho y aprendo de los demás. A eso le llamo humildad, esa palabra que se ha borrado del diccionario de muchos y que no significa estar sometido a los demás ni ser menos que nadie, sino que se trata de saber cuándo hablar y cuando callar.
A veces me preguntan sobre algo y no puedo responder bien porque no tengo una opinión formada al respecto, bien por desconocimiento, porque no me he informado ni documentado sobre el tema, o simplemente porque no me ha interesado el tema. Entonces me callo y lo digo: “Oye, no sé de qué me hablas, cuéntame” y el otro que se sabe experto en el tema te canta hasta la Traviata. Ser sincero con el que estoy hablando. Ser honesto. Tan poco es tan grave reconocer que eres un despistao de la vida y te cuentan su vida.
Claro que digo paridas, como todo el mundo, pero sé cuando las digo. Soy consciente. Lo mismo que la gente las suelta. Sin embargo unas me hacen gracia y otras, antes de aburrirme o de ponerme malo de los nervios (como lo veo venir) desconecto y pongo el piloto automático. Pero no llevo esa incredulidad a cuestas ni me siento el más enterado ni culto del mundo. Con escuchar ya se aprende.