No me explico cómo hay tanto guay en este país. Si se supone que la juventud esta aburrida, parada y viviendo de las subvenciones (de todo tipo) cómo es que hay tanta gente chachi por estos lares.
¿Quiénes son los guays? Por supuesto no es la ama de casa de Moratalaz ni el parado de Getafe. Son gente que se dedica al teatro, música o danza, por ejemplo, tres artes escénicas que no dan para comer; actores, que en este país hay para aburrir, y gente que se dedica al cine (maquilladores, iluminadores,…cuatro, vamos. La industria del ladrillo y la del coche mueve más dinero que la del celuloide); los programadores informáticos, que muchos están en el paro;
y los que más me gustan: los profesionales liberales. Ya no vale con ser médico o abogado, ahora mola ser personal assistant, personal shopper, personal designer (del tema diseño mejor no hablar) y personal tu puta madre. ¿Quién contrata a esa gente que vende humo?, ¿Cuánto cobran?, ¿De qué viven? ¿Son de verdad las casas que sacan en las revistas o son alquiladas y realmente esos pavos viven con sus padres?
Pero redefinamos el concepto de lo guay a comienzos de siglo: lo guay es ir a terrazas chic que sólo por pedir una cerveza ya tienes que pedir un préstamo al banco; ir a la India a encontrarse a uno mismo; tener amigos igual de guays que tú hasta en el Palacio Real y vestir a la ultima sin gastarte un duro creando tendencia; vivir todos juntitos en Malasaña, Chueca, Huertas, o La Latina (barrios muy tranquilos, sobre todo de noche) y tener la casa llena de mierda (los que tienen casa y no son okupas) mientras se dice que la decoración es un concepto y no un modo de vida que te vende Ikea; decir que el dinero está sobrevalorado y que hacen falta más ideas; estar por encima de identidades, etiquetas o creencias y amar las nuevas tecnologías que te paga tu papá; es ser solidarios y ecológicos de boquilla y hablar del comercio justo mientras dejas boquiabierto a la peña con un discurso que ni tú mismo sabes de lo que estás hablando, pero te lo crees firmemente y estas convencido de que los demás son un puñado de paletos ignorantes consumistas; es jugar al diábolo y a la pelota de arena vestido del Rastro mientras esperas el metro o en el médico; es sonreír siempre y parecer que no tienes problemas ni con las drogas blandas, ni con el transporte público (como vas levitando por encima de todos), ni con los cortes de agua ni la factura de la luz; es tener una vida como si la hubiera pintado Carmen Lomana pero de colorines y a lo artístico-subvencionado-porque yo lo valgo.
Dicho lo cual, lo que necesita este país es más gente guay y este país sería la hostia. Más de lo que ya es.