Nunca entenderé porque se aplaude en los entierros de los fallecidos oficiales, léase personalidades de estado, deporte, cultura, personajes populares, muertos en accidentes múltiples o asesinados por acciones terroristas… la gente sale de la misa, el féretro cerrado y la gente ¡hala! a aplaudir como locos. Pero con mucho sentimiento, ¿eh?, desde el respeto (porque aquí la palabra respeto llena mucho la boca y la mitad de la gente no sabe lo que es eso; igual que los demócratas que todo el mundo lo es hasta que ellos mismos se demuestran lo contrario). ¿Aplaudir para qué? ¿Aplaudir no significaba expresar alegría cuando uno termina de ver un espectáculo o algo que le ha gustado mucho; algo que sirve para llamar la atención y dictaminar el agrado de lo que ha visto y oído?
A mí me parece que muchos se alegran de que el finado se haya ido pa’l otro barrio y lo jalean y sólo les falta gritar “¡ole ole!” o decir “que ya se ha ido, que a gusto nos ha dejado, tanta paz lleves como descanso dejas” y ponerse a taconear. Vamos, que muchos entierros parecen una fiesta flamenca con taconeo incluido.
Si tanto respeto dicen que tienen, habría que enseñar a la gente que respeto es quedarse callado, quieto y en silencio; no hablar ni dar un voz y acompañar a la familia en su dolor; llevarlo de forma tranquila y no mostrarlo como en medio de un sarao o un concierto de U2. Pero para que vamos a entrar en formalidades.