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Tener o no tener

No me gusta hablar de política y menos de este país y en este país. Es un tema sumamente delicado. Ni que decir que manifiesto mi desprecio por cualquier bando (derecha, izquierda, arriba y abajo; el centro y para dentro incluidas) porque todas son iguales.
Para los griegos era un arte, para mí la política es una chufa total. En todas partes.
Es muy definitoria la cita de Galdós: “La moral política es como una capa con tanto remedios, que no se sabe ya cuál es el paño primitivo”. Y esa otra que dice “La razón en política, es la ausencia completa de fe”. Lo calca. Y viene a decir que los políticos de hoy son igual de ineptos que los de hace casi dos siglos. Tal vez porque los españoles no hemos cambiado apenas nada.

Ahora sólo está la izquierda guay y encantada de haberse conocido ( y además una izquierda a dos velocidades: los cultos y el proletariado de zapatillas que creen que ser de izquierdas es ser socialista); y por otro lado la derecha, que empezó acomplejada y ahora está ensoberbiada y es monobloque. Los nacionalistas sólo representan a cuatro mamarrachos en paro con ganas de tener un cortijo porque hablan raro. ¿Qué queda pues? Nada. Campo para largarse, porque tú me contaras si te detienes un poco a analizar la “clase” política que tenemos y se te cae el alma a los pies. Gentuza en traje y corbata todo el día dando voces, diciendo cosas sin sentido como niños de patio de colegio o como porteras rollo “que si tú has dicho, que si yo he dejado de decir” mientras tienen unos sueldos de 3.000 euros, con coche oficial, dietas, vacaciones largas y con una jornada laboral que no se conoce.
Pero tragamos con ellos, nos los comemos en la comida, en la cena, tomando el café, en Navidades, en Semana Santa…Eso sí, tenemos para elegir: los alcaldes, los senadores, los parlamentarios, el gobierno, la oposición, las comisiones de investigación (que yo no sé qué coño investigan…de que estará hecho un yogur de fresa porque solo con oírles hablar ya dan ganas de cagar, perdón, de hacer popó, que hay que ser políticamente correcto), los secretarios de los partidos, los consejeros de las comunidades autónomas y un suma y sigue que pierdes la cuenta.
Y lo peor de todo es que la gente es tan ignorante y tan inculta (los españoles estamos programados así desde antes de los árabes) que les siguen el rollo y lo toma como un mal necesario. ¡Ay como te metas con ellos!. Que si “eres un antidemócrata”, “es que no sabes la libertad que tenemos ahora”, “es que sino quien nos representaría”; bueno, que parecen que han bajado del cielo para darnos el maná. Y Maná, que yo sepa, sólo es un grupo musical mexicano. La pregunta es…¿qué pasaría si desaparecieran?

(Continuará)