Al final, con tanto consumismo, tanto vivir deprisa, tanta posesión (material, claro), tanto perder el dinero y las energías por conseguirlo todo (acabas agotado) llega un momento en que te paras a pensar si merece la pena la vida que nos impone todo el mundo: los amigos, la familia, las empresas, los media… sigo y no paro. Empiezas a pensar en todo el sentido que tiene la vida: al final naces y te mueres. Lo de en medio es una complicación en la que tú solo te metes (y te meten) y tienes que apañártelas para sobrevivir. Por eso, leyendo a Kapuscinski sobre las filosofías chinas, me quedo con el taoísmo. No voy ahora descubrir nada nuevo, simplemente me mola lo que dijo Lao Tse (si es que existió) su fundador.
Este pavo aconseja mantenerse al margen de todo. Nada es eterno, dice el Maestro. Así que no te ates a nada. Pero a nada de nada, ¿eh? Todo lo que existe perecerá, por lo que tienes que mirarlo por encima del hombro, manteniendo la distancia. Total va a acabar por morir como tú antes o después. Hay que actuar no actuando; tu fuerza radica en tu debilidad y tu impotencia; tu ingenuidad y tu ignorancia son tu sabiduría. Si quieres sobrevivir se alguien inútil aunque de eso hoy en día vamos sobrados y más en España.
Además, el Tse (de los Tse de toda la vida) te dice que te vayas a vivir lejos de la gente (cosa también algo complicada, ya habrá algún gallego o algún chino-japonés antes que tú allá donde decidas ir). Tienes que ser un ermitaño interior. Ah, y vivir frugalmente: un cuenco de arroz y un poquito de agua y a seguir. Para qué quieres mas si un inútil no hace mucho esfuerzo en nada.
Por último, lo más importante. Observa el tao. Pero, ¿qué es el tao? Es algo que, precisamente, no se puede decir porque la esencia del tao no es sino la imposibilidad de definirlo y de representarlo: “Si el tao se deja de definir como tao es que no es el tao verdadero”. Pero en realidad Tao significa camino, y observar el tao consiste en no abandonar ese camino, en seguirlo a donde lleve. A Ciudad Real o a Tokio, el caso es que te lleve a alguna parte.
El taoísmo es una filosofía de aquellos sabios que se han negado a participar en el juego y no pretenden sino ser parte de la indiferente naturaleza. Es una pedorreta al mundo y a sus reglas (o a aquellos quienes las establecen). Una escuela de supervivencia al fin y al cabo.
Así que tal y como está el mundo, me hago taoísta, es decir, la ley del mínimo esfuerzo y a vivir que son dos días y uno llueve.